viernes, 5 de julio de 2013

Nada ha cambiado


Por: Lydia Collazo
Veinticuatro años después de la invasión de Puerto Rico por las tropas norteamericanas en el 1898, el Congreso de Estados Unidos decidió imponernos un gobierno colonial de manera que pudiera disfrazar el control imperialista de su nueva adquisición, hacerle creer al mundo que eran buenas sus intenciones para el Pueblo de la isla caribeña y continuar su política expansionista. Mientras el Partido Nacionalista de Puerto Rico, fundado en el año de 1922, tenía en su programa la independencia, el Partido Unionista, cuando fue fundado en el 1904, no tenía un programa definido para seguir en la Cámara de Delegados de Puerto Rico. Es para el año de 1913 cuando opta por la independencia, ideal que tomaba fuerza en la población y en el gobierno. Es así que, para el 1920, el Partido Unionista gana las elecciones.

El ideal de la independencia no fue del agrado del gobierno interventor, por lo que procedió a nombrar gobernador al antipuertorriqueño Montgomery Reilly, a quien el Pueblo prontamente apodó "Moncho Reyes".

Reilly causó una grave crisis política como resultado de sus órdenes de destituir a todos los unionistas "separatistas" que ocupaban puestos públicos y, al igual que hoy día, los líderes políticos acudieron ante el poder interventor en busca de una solución a la crisis. Una comitiva salió rumbo a Washington, D.C., a presentar sus quejas por los agravios y los desatinos de "Moncho Reyes" y con la esperanza de que le resolvieran el problema que aquel corrupto gobernador había causado. Era presidente de Estados Unidos el Republicano Warren Harding, (1865-1923) cuya administración (1921-1923) a su vez es considerada la más corrupta en la historia de ese país. (New Columbia Encyclopedia, 1975).

Subsiguientemente, el 19 de enero de 1922, el representante Phillip Campbell, de Kansas, presentó un proyecto de ley (H. R. 9995, Congreso 67, 2da sesión) encaminado a estabilizar la situación mediante el establecimiento del "Estado Libre Asociado de Puerto Rico". Por su parte, los Unionistas aprobaron el 11 de febrero, (tres semanas después) un programa que excluía la independencia y respaldaba el proyecto Campbell.

Estos Unionistas aceptaron quedarse en el gobierno y seguir el dictamen de Washington, mientras que otros Unionistas, defensores de la independencia, rehusaron continuar y fundaron el Partido Nacionalista. El proyecto de Campbell no fue aprobado y quedó dormido hasta que las luchas revolucionarias del Partido Nacionalista llevaron al Gobierno de Estados Unidos a despertarlo de su sueño en el año de 1939, cuando el gobierno de Estados Unidos envía al señor Pedro Capó Rodríguez a visitar al líder Nacionalista don Pedro Albizu Campos en la cárcel federal de Atlanta.

Capó Rodríguez tenía la encomienda de Washington de ofrecerle a Albizu la gobernación de Puerto Rico a cambio de abandonar la lucha por la independencia, cambiar el nombre del Partido Nacionalista a Partido Nacional Democrático y dejar de llamar "imperialista" a Estados Unidos. Albizu y los otros Nacionalistas con él encarcelados serían liberados si aceptaban esas condiciones y todos rechazaron indignados la propuesta.

Luego, Capó Rodríguez procuró infructuosamente que otros líderes del Partido Nacionalista aceptaran la propuesta y optó entonces por presentársela a Luis Muñoz Marín, quien para entonces era todavía independentista y socialista.

Subsiguientemente, en ese mismo año Muñoz Marín sale hacia Washington y, al igual que los Unionistas 17 años antes, regresa con la encomienda de organizar un nuevo partido que se conoció al fin como Partido Popular Democrático (PPD) con el lema de "Pan, Tierra y Libertad", el cual daba la impresión de que se trataba de un partido que apoyaba, no sólo la independencia, sino también el socialismo.

Este partido trajo en su programa unas atractivas reformas. No olvidemos que se estaba saliendo de los diez años de la Gran Depresión en Estados Unidos, de la cual Puerto Rico sufrió los efectos. También la guerra mundial se hacía sentir. Es decir, que cualquier reforma era un alivio en las condiciones pésimas que existían en Puerto Rico, causadas, precisamente, por el coloniaje y la explotación por empresas absentistas yankis.

Es así que, una vez más, la independencia queda abandonada, producto de un embeleco que se le atribuye a Muñoz Marín y al PPD, pero que fue manufacturado en el Congreso de Estados Unidos con los puertorriqueños como meros espectadores.

Las discusiones sobre el status que se están dando aquí y allá en estos días demuestran que nada ha cambiado.#

Lydia Collazo, curadora del Museo-Biblioteca Nacionalista Rosa y Oscar Collazo

Por: Margarita Maldonado Colón
 Lydia Collazo Cortés. Maestra y pintora  puertorriqueña nacida en Nueva York, donde obtuvo una Maestría en Bellas Artes. Estudió, además, Francés, Historia del Arte, Inglés Medieval, Latín y Griego. Viajó a Venecia donde completó los últimos cursos de su preparación en Bellas Artes. En Puerto Rico completó un Bachillerato en Educación en la Universidad Interamericana.

En Nueva York realizó trabajos como ilustradora. Además, se desempeñó como investigadora en el Departamento de Investigaciones Sociales de Columbia University. Al establecerse en Puerto Rico, laboró un tiempo como profesora de Bellas Artes en la Universidad Interamericana y, durante muchos años, en el Departamento de Educación como maestra de Bellas Artes. Expuso sus pinturas en la Sala de Exposiciones del Diario de Nueva York, en el Departamento de Educación de Puerto Rico, en Casablanca de San Juan, en la Biblioteca Carnegie (única mujer caricaturista), en la Universidad de Puerto Rico, (Recintos de Bayamón y Río Piedras), en la Universidad Interamericana, en Casa Aboy y en el Instituto de Cultura.

Fue editora de las Memorias de Rosa Collazo y, en el 2011, publicó su libro La inolvidable Juana. Al presente, trabaja en sus propias memorias y compone un manual de dibujo para niños.

Desde niñas, ella y su hermana Rosa Iris estuvieron vinculadas al Partido Nacionalista de Nueva York y de Puerto Rico, guiadas por sus padres, Rosa y Oscar Collazo. En memoria de ellos, se nombró la Fundación que da origen al Museo que custodia un valioso acervo documental sobre el Nacionalismo Puertorriqueño. Actualmente Lydia Collazo se desempeña como curadora del Museo-Biblioteca Nacionalista Rosa y Oscar Collazo.

Museo-Biblioteca Nacionalista Rosa y Oscar Collazo

Por: Lydia Collazo Cortés

Curadora

El Museo-Biblioteca Nacionalista Rosa y Oscar Collazo surge originalmente de la idea concebida por el compañero nacionalista Paulino Castro Abolafia de tener un lugar donde albergar documentación e información relacionada con el Nacionalismo  puertorriqueño, Movimiento de Liberación Nacional. Hace muchos años él tuvo la visión de crear un museo Nacionalista y quería ubicarlo en el local donde fueron tiroteados y arrestados don Pedro Albizu Campos y sus acompañantes a inicios de la Revolución de 1950. La casa estaba localizada en la esquina de la calle Del Sol y De la Luna en San Juan. Don Pedro ocupaba el segundo piso.

En el momento en que se pensó inaugurar allí el museo, el local estaba vacío y en pésimas condiciones. Gandía Realty había tomado posesión de la propiedad. En ese entonces, los años 70, pensamos hacer un préstamo bancario para cubrir los $10,000.00 del precio de la casa, pero al momento en que estábamos haciendo las gestiones, el gobierno declararó el lugar "área histórica" y tuvimos que desistir de lo acordado.

Años más tarde, pensamos en otro lugar donde ubicar el proyectado museo. En esa ocasión,  exploramos la posibilidad de utilizar el edificio donde estaban localizadas las oficinas del Partido Nacionalista en Río Piedras, al frente de una esquina de la Plaza de Recreo. En esas oficinas estaban guardadas las pertenencias y documentos de la Junta del Partido Nacionalista y los custodios eran don Jacinto Rivera Pérez, presidente del Partido y don José Rivera Sotomayor, secretario. El local estaba en venta y nos habían notificado que debíamos desalojarlo. Aunque el lugar fue saqueado por personas conocidas y allegadas a una de las figuras más importantes de nuestra lucha, con intereses personalistas, logramos rescatar y poner a salvo gran parte de materiales y documentos  recopilados por los miembros bonafide. Con la ayuda de otros compañeros y compañeras, logramos organizar los materiales y los entregamos a personas responsables para que se hicieran cargo de su custodia.

Al morir el presidente de la Junta Nacional, don Jacinto Rivera Pérez, su hija Elida Rivera nos entregó, a mí y a Jazmín Castillo, lo que tenía guardado en su casa y en su propiedad de Cabo Rojo. Ya Paulino Castro Abolafia había muerto y recordé su idea de crear un museo donde se pudiera encontrar información sobre el nacionalismo puertorriqueño y preservar el patrimonio de esa historia que han querido borrar.

A falta de otro lugar donde instalar el museo anhelado durante décadas, decidí ubicarlo en el segundo piso de mi casa. Allí estarían custodiados y expuestos los documentos que representan el gran legado de nuestra lucha nacionalista por la independencia. Con el asesoramiento legal del Licenciado Felipe Cirino Colón, creé la Fundación Rosa y Oscar Collazo, teniendo en mente el nacionalismo como base. Así que la idea original del museo que había soñado don Paulino Castro Abolafia, se convirtió en la Fundación que da paso al Museo-Biblioteca Nacionalista Rosa y Oscar Collazo.

Rosa y Oscar Collazo constituyeron un matrimonio que se dedicó a luchar por la independencia de Puerto Rico. Fueron, al igual que otros nacionalistas, ejemplo de sacrificio y determinación en una lucha desigual, pero constante. Rosa estuvo encarcelada durante 5 años y medio por ser miembro activo del Partido y por ser la esposa de Oscar, quien cumplió 29 años por el ataque a la Casa Blair en 1950 junto a Griselio Torresola, quien murió en dicho ataque. Oscar fue sentenciado a la silla eléctrica, pena que fue conmutada como resultado de una campaña nacional e internacional. Tanto Rosa como Oscar lucharon por la independencia de Puerto Rico hasta el momento de su muerte. Este museo se le dedica a estos luchadores y a todos los nacionalistas que ofrendaron vida y hacienda por la independencia de Puerto Rico.

El propósito y objetivo de este museo es dar a conocer la historia  revolucionaria del Movimiento Libertador de Puerto Rico en pos de la emancipación frente al imperio asesino y corrupto de los EE.UU. de Norte América, como testimonio de esa cultura de represión y matanzas desde los años 30 hasta el presente. Los documentos muestran esa situación y la comprueban. El acervo del museo consta de manuscritos, cartas, artículos, periódicos, publicaciones, fotos, películas, documentos de reuniones, impresos de leyes, manifiestos, cuadros, banderas, memorabilia, libros, etc.

El Partido Nacionalista  ha sido una escuela para aquellos que fueron encarcelados, mutilados y perseguidos por las leyes del imperio más voraz del mundo en los siglos XX y lo que va del XXI. El maestro Pedro Albizu Campos, presidente del Partido Nacionalista de entonces, testimonia la ola de matanzas, de represión, de saqueo, de atropellos que este movimiento sufrió durante su trayectoria en defensa de los derechos del pueblo puertorriqueño. La persecución que se desató por más de 50 años prueba esa cultura de represión. Por esta razón queremos dar al mundo y al pueblo de Puerto Rico la información de estos actos de heroísmo sublime, como diría don Pedro, y la tragedia que significa para este pueblo su intento de liberación nacional.

Se invita a los interesados a visitar el local para conocer la historia de este movimiento histórico y beneficiarse de la documentación que custodiamos.